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El Monte Saint Michel es una roca de granito ubicada en Baja Normandía, al este de la desembocadura del río Couesnon, en una bahía donde se producen las mareas más grandes de Europa. La silueta del Monte Saint Michel con la magnífica arquitectura de su abadía, ofrece una de las vistas más bellas de Francia.
Según la tradición, en 708, el obispo de Avranches, Auberts recibió en sueños, del arcángel Saint Miguel, la orden de construir un lugar de culto.

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En el siglo XI, la iglesia abacial fue fundada y posteriormente agrandada. En el siglo XIII, gracias a una donación del rey de Francia, Philippe Auguste, se construyó el conjunto gótico llamado “la Maravilla”. En 1421, el coro románico fue reemplazado por el coro gótico flamígero.

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La abadía se transformó prisión durante la Revolución Francesa hasta 1874, fecha en la que se clasificó como monumento histórico.
En la Edad Medis, el Monte Saint Michel fue con Roma y Santiago de Compostela, uno de los lugares de peregrinación más importantes de occidente. Los “miquelots” eran los peregrinos que se dirigían al Monte por los duros caminos llamados “caminos del Paraiso”

. Actualmente, una pequeña comunidad de monjes benedictinos está instalada en el Monasterio devolviéndole la presencia espiritual que fue su vocación primera.

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Las mareas que se producen en la bahía del Monte Saint Michel son espectaculares y antaño solo se podía acceder a la abadía durante la marea baja. Hoy, existe una carretera que lleva a la roca.

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Cada 18 años se producen grandes mareas, cuando las fuerzas de la luna y del sol se conjugan durante el equinoccio. Esto ocurrió hace pocos días, el pasado 21 de marzo, y la diferencia de altura entre la marea alta y la baja fue de 14,5 metros.
Las mareas, al remover fuertemente las aguas, favorecen la existencia de una riqueza biológica excepcional y de una fauna abundante y diversificada.

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El pueblo, que se encuentra al pie de la roca, apareció al mismo tiempo que la abadía y acogía a los viajeros en las tabernas, las hostelerías y se vendían recuerdos en las tiendas. Hoy la única calle, “la Grande rue”, recibe a los turistas para ofrecerles en tiendas y restaurantes sus “souvenirs” y su gastronomía. El lechal, llamado “pré-salé”, que pasta en las tierras ganadas al mar por medio de diques, es una especialidad del lugar y se prepara, asado sobre ascuas de leña. Y no olvidemos la célebre y deliciosa tortilla de la mère Poulard”…