La chandeleur (la candelaria), es la fiesta de las candelas y se celebra el 2 de febrero.

Su origen es pagano y se celebraba en muchos pueblos antes de la era cristiana. Los romanos por ejemplo, solían recorrer los campos con antorchas para purificar la tierra antes de la primera siembra.

Presentation de l’enfant Jésus au temple de Andrea Mategna

Fue incorporada al cristianismo en el siglo V, con esta fecha del 2 de febrero, para representar un episodio bíblico: la presentación al templo del niño Jesús, cuarenta días después de su nacimiento. En este día, se encienden numerosos cirios en las iglesias.

En Francia, la Chandeleur es también el día de las crepes . Según la creencia popular, con su color dorado y su forma redonda la crepe representa el sol. Este delicioso postre celebraría pues, la vuelta de los días más largos y anunciaría la llegada de la primavera y el renacimiento de la naturaleza.

Se decía que si no se preparaba crepes el día de la Chandeleur, la harina del año se estropearía.

Una de las tradiciones que perdura hoy, es la de dar la vuelta a la crepe, haciéndola saltar en el aire, sosteniendo la sartén en una mano, y unas monedas en la otra. Esto garantiza que se tendrá suerte y prosperidad durante todo el año… si la crepe aterriza perfectamente y sin doblarse en la sartén…

Les Navettes de la Chandeleur de Marseille

Pero las crepes, aunque sean los más representativos, no son los únicos postres de la Chandeleur. En Marsella se pueden degustar las “navettes”,  unos exquisitos pastelitos con forma de barca, aromatizados con azahar.

En Córcega, las crepes se hacen con harina de castañas.

Aquí os dejo una receta de crepes por si os animáis a celebrar la Chandeleur a la francesa.

 

Ingredientes:

250g de harina  –     ½ litro de leche – 2 huevos – 30 g de azúcar – 20 g de mantequilla – un poco de ron – una pizca de sal

 

Derretir la mantequilla y mezclarla con la harina, los huevos y el azúcar y la sal, añadiendo la leche poco a poco.  Batir la masa hasta que quede muy homogénea.

Dejarla reposar una hora.

Untar una sartén con un poco de aceite y ponerla a calentar.

Verter un poco de masa con un cazo, extenderla, dejarla cuajar por un lado y darle la vuelta. Sacar la crepe cuando este dorada y repetir la operación hasta acabar con la masa.

Espolvorear las crepes con azúcar o mermelada tibia.